F O T O G R A F Í A S



A  COSTA  DA  MORTE - 6

En los espacios abiertos de la ría, el mar ya comienza a mostrar su eterna bravura, rompiendo su insistente y furioso oleaje contra la línea costera, que siglo tras siglo, ha dejado su impronta en ella. En ocasioes, se produce una tensa calma, pero el peligro está escondido en las corrientes del fondo y sólo se sufre cuando se encuentra inmerso dentro ella.

La visión siempre es impresionante y no hay duda de que la mayoría de los días del crudo invierno, tiene que ser sobrecogedora proporcionando la magnitud de nuestra propia pequeñez.



El continuo oleaje rompiendo contra las pulidas rocas que resguardan la orografía de la costa, subyuga la mirada, la hipnotiza y sigue fijamente los enérgicos movimientos de las aguas. El espectador siente como su respiración se ralentiza temiendo provocar las iras del mar, mientras que el corazón bombea con energía la sangre tratando de emular al oleaje, sufriendo descargas de adrenalina.

Esta serie de fotografías tratan de captar esos instantes, aunque por su pequeñez, difícilmente lo consigue. Es necesario encontrarse frente a frente con el mar y el viento zumbando en los oídos para poder comprender la magnitud del fenómeno. ¡Cuantas embarcaciones han naufragado en esta hermosa, pero terrible costa!

 

En más de una ocasión me dije, "bueno, ésta es la última foto", pero mi  mirada seguía pendiente, a través del objetivo, de las evoluciones de las olas, que se iniciaban apenas unos metros atrás y rompían contra las rocas con una virulencia difícil de imaginar.

 Tan sólo el ruido de las olas, y de cuando en cuando, algún graznido de gaviota, rompían la paz de este lugar. Sin tráfico y apenas gentes que se habían atrevido a a recorrer muchos kilómetros de caminos casi intransitables, la quietud, a pesar de la bravura del mar, es sumamente agradable.



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