F O T O G R A F Í A S



A  COSTA  DA  MORTE - 1 0

Dejando atrás Corcubión y siguiendo la carretera que conduce directamente a A Coruña, continuando hacia Puentedeume y tras bordear Ferrol, alcanzar Valdoviño y Cedeira, precioso lugar bien resguardado en la amplia ría que lleva su nombre.


Sus tranquilas aguas propician un encanto especial al lugar. A partir de aquí, y por carreteras muy estrechas, me dirijo a San Andrés de Teixido del que se dice que “VAI DE MORTO O QUE NON FOI DE VIVO”. Se refiere la frase a que las almas de los que no fueron a la romería de vivos se reencarnarán en el cuerpo de una culebra, lagarto o sapo y así, con esa forma, tendrá que acudir a ella.



Se dice también que aquí se encuentra “LA PUERTA DEL MÁS ALLÁ DEL MUNDO CELTA”, tan unido a mi querida tierra. Otra leyenda dice que el santo llegó a los acantilados en barco y que al naufragar se convirtió en un peñasco, que posteriormente, recibió el nombre de “A BARCA DE SAN ANDRÉS”.

Sin pensar en más leyendas, la pura realidad se contempla en los inmensos acantilados de la Sierra de Acanelada, agrestes, salvajes, inmensos pero de una belleza impresionante.




La Iglesia de San Andrés fue mandada construir por Miguel López de la Peña en el año 1789 (con anterioridad existía una pequeña capilla), y desde entonces es un lugar de peregrinación para muchísimas personas que desean recibir su gracia y curar sus enfermedades, depositando ante su imagen, figuras de cera que representan sus peticiones. En su interior parece que se respira un aire especial como si miles de presencias estuvieran atentas a las acciones de los peregrinos.



La iglesia está situada en la falda de la montaña, pero es de obligado cumplimiento el descenso hasta los acantilados y gozar de una belleza salvaje que se cuela muy hondo en el corazón. Entre la iglesia y los acantilados se encuentra la fuente del Santo, que según dice la leyenda, nace debajo del altar. La tradición añade que al echar migas de pan se consulta al santo, si flotan se cumple el deseo del peregrino, si se hunden, no.

 

En los alrededores, vendedores ambulantes ofrecen una infinita variedad de amuletos, fotografías de santos, figuras típicas realizadas con masa de pan (sanandreses) y coloreadas con mimo para realzar la pieza, hierbas para enamorar, conchas, imágenes del santo. También venden figuras de cera, de cuerpo entero o de algunos de sus miembros, los que el enfermo desea curar.



De nuevo inmerso en las carreteras estrechas, asciendo hacia lo más alto de la sierra, donde se encuentra el mirador con la conocida Garita de Herveira, desde la que se aprecian unas vistas fabulosas de los acantilados más altos y agreste de Europa, con una altitud de 612 metros sobre el nivel de las aguas. La pendiente, en algunos tramos produce vértigo. Pero el paisaje que se disfruta bien vale la pena tal sacrificio.


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