F O T O G R A F Í A S



A  COSTA  DA  MORTE - 1 3
PLAYA DE LAS CATEDRALES

  

En mi mente estaba el deseo de visitar un lugar, desconocido para una gran mayoría, pero majestuoso en cuanto a sus formas. Un paraje totalmente natural denominado la Playa de las Catedrales.

Es uno de los destinos turísticos de Galicia y está situado al norte de Lugo, lugar donde el mar y el viento han diseñado y pulido un espectáculo excepcional. Sus diseños simulando los arborantes y contrafuertes de las maravillosas catedrales góticas, son admirados por los sorprendidos visitantes. Algunos arcos alcanzan los 30 metros de altura, dando una idea de la propia insignificancia al acercarse a su lado. Pero esta belleza tan sólo se puede disfrutar a pie de playa, paseando por sus blancas arenas al descubierto durante la bajamar.

Está declarado Monumento natural por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Galicia. Su magnífica visión permite comprender lo que la furia del mar y los salvajes golpes de las olas son capaces de conseguir a lo largo de los siglos.

Lo característico de la playa son los arcos y las cuevas, sólo apreciables a pie de playa durante la bajamar.



Durante la pleamar la playa es relativamente pequeña, de fina arena y sigue siendo adecuada para el baño. Casi no se puede apreciar lo que se guarda bajo las aguas. Es interesante contemplarla con la marea alta, para poder hacerse una idea de lo que allí ha sucedido y está sucediendo. Pero el gran espectáculo se produce a medida que baja la marea, siendo su punto álgido la completa bajamar.

Durante la marea baja puede accederse a un largo arenal delimitado por una pared rocosa de pizarra y esquisto erosionada en formas caprichosas: arcos de más de treinta metros de altura que recuerdan a arborantes de una catedral, grutas de decenas de metros, pasillos de arena entre bloques de roca y otras curiosidades. Con las "mareas vivas" en las que las mareas bajan más y suben más que las mareas normales, se puede acceder a las playas vecinas por la arena, aunque eso sí se debe tener precaución y volver antes de que comience a subir la marea o intentarlo a nado.




El problema está en que estas dos situaciones se producen a intervalos de seis horas aproximadamente. Lógicamente, yo decidí acudir al lugar, justo cuando la marea iniciaba su ascenso. El espectáculo es soberbio y la gente deseosa de admirarlo le proporciona un colorido especial al moverse sobre la arena, bordeando las caprichosas rocas erosionadas e introduciéndose, con algo de temor, en las enormes grutas. En algunas zonas, al bajar la marea se queda algo de agua estancada obligando a la gente a subirse por la roca o cruzar los profundos charcos según su imaginación le dicte. Yo me limité a ser un simple espectador y dar fe de ello.



Es difícilmente imaginable lo que uno se puede encontrar en este lugar hasta que no se está dentro de él, y en el caso de que la marea esté baja, que es cuando se puede caminar tranquilamente por sus agradables arenas y sus amplios espacios, introducirse en las cuevas naturales, construidas por los fuertes cinceles de las agresivas olas invernales. Desde lo alto, la vista es impresionante, pero la belleza y el detalle de estas catedrales están a pie de arena y hay que caminar sobre ella, eso sí, teniendo buen cuidado de que las horas no transcurran sin darnos cuentas y la pleamar nos encierre entre sus recovecos.

 
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